US + Them de Roger Waters en San José, California

Texto, fotos y video: Ricardo Del Carpio Calápiz.

Publicacion original: Rockstorias.

San José, CA. 7 de junio de 2017, 7:00 pm, hora local.

Sobre la calle Santa Clara Oeste se comienza a percibir la agitación en la todavía relativamente poca gente que se dirige animosamente a la casa de los Tiburones de San José (el equipo local de hockey sobre hielo).  Chavo-rucos y veteranos en su mayoría, muchos acompañados de sus hijos o nietos. También se pueden contar algunos millennials.  Todos, excepto éstos últimos, rigurosamente fuera de moda, ataviados con sus playeras de The Wall, Animals o The Dark Side of the Moon, sin faltar el despistado con una playera del Division Bell (¡?), ordenadamente fueron ingresando, ante un visiblemente reforzado operativo de seguridad, en la Arena en la que Roger Waters habría de presentar su última entrega: Is This The Life We Really Want? (ITTLWRW?).

La primera impresión al ingresar al SAP Center, después de haber tenido la oportunidad de presenciar las magnificentes presentaciones de Roger Waters en el Desert Trip o en la Ciudad de México a finales de 2016, es que la Arena (con un aforo de menos de 20,000 espectadores) le quedaría chica a la imponente producción que había desplegado en los shows previos, ya que era fácil prever que el impresionante equipo utilizado en las 5 presentaciones previas a la gira US + Them, tendría que ser reaprovechado de una forma u otra.

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Aunque, pensándolo bien, después de haber asistido a una de esas presentaciones descomunales que hoy en día ubican a Waters en la punta de la pirámide de los conciertos en vivo, bien valdría la pena reducir la experiencia audiovisual a un foro cerrado y más reducido, para obtener un resultado más cercano y entrañable.  Con esta última reflexión en mente comenzaría a lucirse, en punto de las 20:00 horas, el impecable sonido cuadrafónico instalado entre la sección alta y baja de las gradas; era el sonido de una chica solitaria, silenciosa, aparentemente inmóvil, que sentada entre las yerbas peinadas por el aire helado de una playa lejana, entre el eco de las aves marinas, contemplaba el horizonte sobre el mar.

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Con esta toma de fondo, ahora se escucha la sirena de un buque acercándose, que hace las llamadas a escena.  Cuando las luces finalmente ceden a la obscuridad, la imagen en la pantalla se centra en lo que parecen cadenas moleculares amalgamándose detrás de una brillante luz que se abre camino, entre las profundidades de la nada, pulsando al ritmo del latido de un corazón. Los miembros de la banda hacen su aparición en el escenario y los aplausos estallan en la Arena, al tiempo que aquel conocido sonido ambiental de maquinarias se va haciendo presente y Nos Habla cada vez más alto, despertándonos para que podamos Respirar, como recién nacidos. La luz palpitante ha generado finalmente un ente esférico, que viaja flotando por el cosmos, y después sobre la tierra, hasta llegar a la icónica central eléctrica de Battersea, en Londres.

Ahora, somos transportados por el sonido del viento, al interior de una pocilga abandonada, después un super mercado, donde podemos identificar algunos individuos que forman parte de algún grupo de minoría social… Uno de Estos Días

Es Tiempo de que el clásico video de relojes aparezca en escena, pero esta vez la parafernalia teatral Wateriana ha mejorado inigualablemente la experiencia, incorporando nuevos juegos de luces instalados ad hoc en el domo de la Arena, al inmejorable sonido cuadrafónico, para representar una verdadera tormenta eléctrica en el interior del lugar, como antesala de las percusiones introductorias de Time, interpretadas con la precisión y la frialdad de un reloj por el tal Joey Waronker, nuevo baterista de sesión y de apoyo de Waters.

Vemos el tiempo consumirse aparentemente de forma lenta, en cada bocanada de un porro de marihuana, pero cuando nos damos cuenta y por fin Respiramos de Nuevo, nos vemos como parias perdidos, en el bajo puente incierto de cualquier lugar al que llamamos casa, cuando nuestra verdadera casa es el cosmos, ese en el que daremos nuestro último Gran Toquín.  A pesar de las formidables voces y estilo de las chicas de Lucius, uno no puede dejar de extrañar a las coristas de color de la versión original de The Great Gig in The Sky.

Pero cuando la idea ha muerto, la conciencia se transforma en una máquina, operada por las masas, controladas por seres deshumanizados, que nos dictan lo que debemos soñar.  Los extraordinarios solos de sintetizador, son interpretados con la maestría propia de Richard Wright por Jon Carin, músico de apoyo veterano, tanto de Waters como de Gilmour y Floyd (en la era Gilmour), que bien podría considerarse como un miembro extraoficial de Pink Floyd.  Welcome to the Machine es una pieza fundamental en las presentaciones en vivo de Waters, que acompañada perfectamente por la ya también clásica animación de Gerard Scarfe, la convierte en un himno audiovisual del Rock progresivo de todos los tiempos.

When We Were Young, Deja Vu y The Last Refugee, son las 3 piezas con las que abre el nuevo álbum, en las que Waters refuerza y reconstruye su estilo musical a partir de temáticas tanto exploradas como renovadas, pero que suman y refrescan el show con una sensibilidad inusual, sirviendo de hilo conductor para crear una narrativa más completa y emotiva, en la que, si bien los conflictos sociales son lugares comunes, la conciencia y la compasión se presentan como una solución esperanzadora, que llega a arrancar lágrimas de los ojos de algunos espectadores.

Ahora nos damos cuenta que el ente esférico que ha aparecido en ocasiones en la pantalla, es una especie de Dron inteligente que ha llegado a la Tierra, para documentar con su circunferencia todo su recorrido a través de ella, a manera de antropólogo alienígena (ver. Amused to Death).  Picture that (también del nuevo álbum), es el parteaguas de la crítica política inmersa en el discurso de Waters durante el show, en el sentido de concientizar a las nuevas generaciones, sobre los problemas actuales, la guerra y la segregación.  Es claro que, en esta narrativa, la deshumanización social se conjuga con el desarrollo de las máquinas, recordándonos que nos encontrarnos ya inmersos en un mundo a control remoto, donde no tenemos los controles, perdiendo el contacto humano y la capacidad de asombro.

Aquí es donde llega la nostalgia que nos invade, y Quisiéramos que Aquello que ya No Está, Estuviera Aquí; como aquellos Días Felices de Nuestras Vidas; y desearíamos que cambiara la Educación, para que los niños no sean Otro Ladrillo Más en la Pared.  La producción musical en esta parte del show es extraordinaria, al unir magistralmente Another Brick in the Wall (ABW) parte II, con ABW parte III, lo que la hace la mejor versión de ABW que se haya escuchado.  Por otra parte, la maestría y sensibilidad y virtuosismo de David “Killer” Kilminster, en la Guitarra, hace que (aunque no parezca posible) nos olvidemos por completo de David Gilmour.

Habiendo concluido el descanso del intermedio, la parte más arriesgada de la presentación se abriría paso con el sonido y las luces intermitentes de unas sirenas industriales, esta vez instaladas a lo largo del domo de la arena. A diferencia de lo ocurrido en las presentaciones anteriores a la gira US + THEM, las chimeneas humeantes de la famosísima Battersea Power Station no se elevarían sobre la gigantesca pantalla del escenario, sino que, para el asombro de la audiencia, estas comienzan a descender del eje central del techo ovalado de la Arena, hasta que forman un telón visual que recrea la famosa fábrica de la portada del Animals a todo lo largo del recinto, dividiendo por completo a su audiencia en dos lados. Esta vez el muro del aislamiento no separa al artista de su audiencia (como en The Wall), esta vez el muro de la desigualdad divide al público, entre Ellos y Nosotros:  demócratas y republicanos, ricos y pobres, judíos y palestinos, blancos y negros, xenófobos y refugiados, mexicanos y americanos, por elaborar tan solo un poco.

La Arena así, tras los primeros acordes de la vanguardista suite progresiva “Dogs”, se ha convertido en el lugar ideal de reflexión, para transmitirnos esa sensación de división, al crearnos la percepción de que lo que estamos presenciando tan de cerca, de un lado, es diferente al otro lado y, que incluso, algunos no podrán disfrutar en absoluto (me refiero a los desprevenidos asistentes, ubicados debajo del gran telón transversal y de aquellos sentados al fondo de la arena frente al escenario).

Con esa “T” multimedia formada entre el escenario y el gran telón transversal, continúa la crítica a la descomposición social, ahora con la mordaz y más vigente que nunca “Pigs”, señalando ácidamente y sin disimulo, al actual Presidente de los estados unidos como un cerdo, un fascista, un niño berrinchudo, que al abrir la boca sólo vomita sandeces.  Durante la parte central de la canción, el Cerdo a control remoto, patentado por Waters, hace su aparición, sobrevolando la Arena con los ojos tapados y con la imagen de Trump tatuada en su costado, rezando “Welcome to the Machine”.

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Se puede apreciar que es unánime la desaprobación al Señor Trump, por parte de una audiencia que ovaciona la sátira política puesta en escena sobre los muros virtuales de la vieja estación eléctrica, acompañada con la potente pieza funky del Animals, seguida de la imprescindible “Money”, que a manera de encore de la anterior, refuerza el mensaje con imágenes contrastantes, de la riqueza del Presidente de los Estados Unidos, que transforman el panel transversal en una especie de ecualizador gigantesco multicolores, que crea efectos ópticos hipnóticos.

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Con el track que sirve de título a la gira, Waters nos recuerda que no hay nosotros ni ellos, sino solo nosotros, llevándonos a través de diversas imágenes que evidencian la desigualdad social, la intolerancia, el abuso del poder y las barreras físicas e ideológicas que nos separan como seres humanos.  El primer sencillo de ITTLWRW?, “Smell the Roses”, es un homenaje al álbum Animals, de Waters y compañía (Pink Floyd), que justo este año celebra su aniversario 40 y sigue tan vigente como en la época en que vio la luz.

Llegamos al momento del clímax del concierto. Como colofón en la pantalla, vemos una niña pequeña jugando sola con la arena, en una fría playa, al ritmo de Brain DamageDe pronto, en la Arena hace su aparición la esfera que aparece al inicio del show recorriendo el espacio, hasta llegar a la vieja estación eléctrica de Londres; en verdad es un dron metálico con forma esférica, que flota sobre la multitud, aparentemente documentando todo el evento con sus cámaras de video, mientras que la pantalla del escenario ahora transmite las letras borradas de las piezas que integran el álbum ITTLWRW?

Finalmente, vemos que la chica solitaria que miraba el mar, ha descendido hasta la fría playa.  De pronto, el sol es Eclipsado, mientras el solo del órgano Hammond característico, interpretado con emotividad por el joven desconocido Drew Erickson, abre paso al impactante prisma láser innovado y probado con éxito en las presentaciones de Waters de finales del 2016, en la mejor versión de Eclipse que jamás se haya realizado, rematada con un perfectamente adecuado, solo de saxofón, ejecutado maravillosamente por Ian Ritchie (quien por cierto produjo el segundo álbum en solitario de Waters: “Radio Kaos”), dando como resultado un cierre de concierto de dimensiones fastuosas.

Como encore, Waters nos maravilla con su versión acústica de “Vera”, pieza favorita del propio Waters, seguida de la vibrante “Bring the Boys Back Home”, interpretadas entrañablemente en un coro con el dueto formado por Jess Wolfe y Holly Laessig, que nos deja Cómodamente Insensibles, ante unas manos a punto de sujetarse frente a las ruinas de una ciudad devastada.

La versión de este clásico de Floyd es tan soberbiamente ejecutada por David Kilminster, en la guitarra, que seguimos sin extrañar a Gilmour.  La nueva banda de apoyo de Waters, formada tanto por nuevos elementos importados del estudio de grabación de Nigel Godrich, como por otros ya veteranos imprescindibles como Carin y Kilminster, no sólo han relizado sus tareas con una religiosa precisión y nitidez, sino que bien se puede decir que la música que hizo legendario a Pink Floyd ha sido honrada nuevamente, gracias al talento, dedicación y dirección creativa de su creador, Roger Waters. Ahora las manos se han estrechado finalmente, muy por encima de la división, de la marginación, de la segregación, del racismo, de la intolerancia, de la xenofobia, en fin. Uniéndose como una fuerte cadena eslabonada por encima del caos.

Playlist con las canciones del setlist:

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Da clic aquí para ver el setlist en la página de Setlist.fm

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